El vitral no está dentro del templo, está en el aire. Flota como un sol de fragmentos de color, como una respiración. Es el interior que se hace exterior. Es lo que queda en el espacio cuando ya no miramos la piedra, sino lo que la piedra guarda.
Porque Gaudí no construyó solo una iglesia, construyó una forma de filtrar la luz. Y ahí, en ese aire coloreado que no podemos agarrar, es donde sucede realmente lo sagrado.